miércoles, 23 de enero de 2008













El tipo de la gabardina desordenada y pelo mojado , aunque no lavado, con mucha más desgana que interés quiso sacar una conversación lo más superficial posible que sólo le durara los escasos cinco minutos que tardaría el chico en hacer lo que de él esperaba a cambio de los tres euros acordados y , sin mirale siquiera, le sacó tema.

- Y….. dime chaval , te gusta tu trabajo?

Ya había embadurnado los cueros con un betún negro brillante de un olor tan fuerte que podría hacer que cualquier otro aroma pasara inadvertido. Sin levantar la vista le habló:

- Verá señor , limpiar zapatos tiene una parte romántica que pocas personas conocen.
Las personas que , como usted, se sientan ahí para que les limpie los zapatos , en su mayoría lo hacen por una razón nacida en lo más profundo de sus sentimientos . Y casi todos, me cuentan parte de sus historias, de sus vidas. Desde el señor que, llega tarde a una entrevista de trabajo, ha salido de casa corriendo y , antes de entrar en el edificio de oficinas echa un ultimo vistazo a sus zapatos y piensa que , aunque no están tan sucios, bien podrían estar más limpios , (así potencia causar una mayor impresion de organizado y cuidadoso ) , hasta el dandy trasnochado y vanidoso que desea quedar bien con la dama a la que ha conocido la noche anterior y con la que tiene una cita para desayunar en el bar de Quico.
Son personajes diversos y llenos de ternura algunos

- Pero , ¿qué puede haber de romántico en limpiar los zapatos a transeúntes desconocidos ?

- Le dire, señor, que no se trata sólo de pasar crema y sacar brillo al calzado. A veces, limpiar un trozo de cuero a la altura de una reverencia te une más a una persona que haberla conocido durante años.Es una cuestión de desahogo.

- Y , me explicarás qué quieres decir con eso?

El chico habló durante los minutos que duró la limpieza de los zapatos del señor del pelo desorbitado .Habló sin levantar la vista ni las manos del vaivén del trapo sacabrillos . Habló de experiencias, de vidas oídas, de rostros diarios, comunes, mucho más que comunes de lo que pensamos que somos. Habló de la soledad de los acompañados y de lo que todos queremos oir hablar para reactivarnos la adrenalina, el gusto por la vida….habló durante minutos apaisados que terminaban en un camino andado antes muchas veces.


El desaliñado, después de escuchar con credibilidad durante mucho rato miró, por fin, al chico y por primera vez en semanas, sonrió. Sonrió de esa forma que solo los desesperados salvados en el ultimo momento por una frase adolescente dicha a tiempo pueden sonreir, le entregó un billete por el triple de lo acordado antes de que el “ boss “ derecho del día de su boda tuviera el mismo brillo que el izquierdo y se marchó por el mismo camino andado que había venido pero , al contrario que al venir, caminó muy despacio , metiendo sus manos en los bolsillos de la candidata a gabardina cutre y feliz de saberse menos derrotado de lo que el principio del día prometía.

Antes de que pudiera incorporar siquiera la mirada, el limpiabotas volvía a tener en sus manos los zapatos cansados y sucios de alguien que caminaba en sentido resignado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Sabéis lo que es escribir? Una antigua y muy vaga, pero celosa práctica, cuyo sentido yace en el misterio del corazón.

“Stéphane Mallarmé”

hep dijo...

No sé qué decirte. Es una frase con cierta desazón aunque bonita.


Gracias por recordarme al poeta triste