viernes, 25 de enero de 2008

Arrogancia

" Una carta de amor no engrandece al destinatario,no hace noble al que la recibe, una carta de amor habla de los sentimientos del remitente, de sus ganas de vivir, de su corazón lleno de ilusión, de sus sueños de futuro , de lo que se cree capaz de dar y compartir y de lo que anhela recibir. Las palabras escritas y dirigidas de una persona enamorada hablan de la calidad de su alma, de lo grande y noble de su amor y de la intensidad con la que la sangre golpea su existencia.
Recibir una carta de amor es satisfacer las necesidades del ego y del amor, es sentirse lleno , amado, querido , necesitado, es realizar que tu existencia es importante para alguien , que no estás solo........que siempre que recuerdes ésas palabras te sentirás amado ............ "

Esto lo escribí después de recibir el escrito más duro, las palabras más crueles que he recibido en mi amorosa vida, esa que te hace ser hiper sensible a las palabras dichas con el más absoluto desprecio por los sentimientos del que te ama. Lo escribí y otorgué la autoría a un supuesto autor inglés......un poco por vergüenza, un poco por darle legitimidad . Una legitimidad que , de haber dicho que fui yo quien escribió estas palabras, no habrían causado el mismo efecto. Qué triste!, tener que vendernos como producto ajeno.

En fin, hoy lo exhibo como reivindicación a la poesía y el pensamiento de todo a cien.

Amaos.

miércoles, 23 de enero de 2008













El tipo de la gabardina desordenada y pelo mojado , aunque no lavado, con mucha más desgana que interés quiso sacar una conversación lo más superficial posible que sólo le durara los escasos cinco minutos que tardaría el chico en hacer lo que de él esperaba a cambio de los tres euros acordados y , sin mirale siquiera, le sacó tema.

- Y….. dime chaval , te gusta tu trabajo?

Ya había embadurnado los cueros con un betún negro brillante de un olor tan fuerte que podría hacer que cualquier otro aroma pasara inadvertido. Sin levantar la vista le habló:

- Verá señor , limpiar zapatos tiene una parte romántica que pocas personas conocen.
Las personas que , como usted, se sientan ahí para que les limpie los zapatos , en su mayoría lo hacen por una razón nacida en lo más profundo de sus sentimientos . Y casi todos, me cuentan parte de sus historias, de sus vidas. Desde el señor que, llega tarde a una entrevista de trabajo, ha salido de casa corriendo y , antes de entrar en el edificio de oficinas echa un ultimo vistazo a sus zapatos y piensa que , aunque no están tan sucios, bien podrían estar más limpios , (así potencia causar una mayor impresion de organizado y cuidadoso ) , hasta el dandy trasnochado y vanidoso que desea quedar bien con la dama a la que ha conocido la noche anterior y con la que tiene una cita para desayunar en el bar de Quico.
Son personajes diversos y llenos de ternura algunos

- Pero , ¿qué puede haber de romántico en limpiar los zapatos a transeúntes desconocidos ?

- Le dire, señor, que no se trata sólo de pasar crema y sacar brillo al calzado. A veces, limpiar un trozo de cuero a la altura de una reverencia te une más a una persona que haberla conocido durante años.Es una cuestión de desahogo.

- Y , me explicarás qué quieres decir con eso?

El chico habló durante los minutos que duró la limpieza de los zapatos del señor del pelo desorbitado .Habló sin levantar la vista ni las manos del vaivén del trapo sacabrillos . Habló de experiencias, de vidas oídas, de rostros diarios, comunes, mucho más que comunes de lo que pensamos que somos. Habló de la soledad de los acompañados y de lo que todos queremos oir hablar para reactivarnos la adrenalina, el gusto por la vida….habló durante minutos apaisados que terminaban en un camino andado antes muchas veces.


El desaliñado, después de escuchar con credibilidad durante mucho rato miró, por fin, al chico y por primera vez en semanas, sonrió. Sonrió de esa forma que solo los desesperados salvados en el ultimo momento por una frase adolescente dicha a tiempo pueden sonreir, le entregó un billete por el triple de lo acordado antes de que el “ boss “ derecho del día de su boda tuviera el mismo brillo que el izquierdo y se marchó por el mismo camino andado que había venido pero , al contrario que al venir, caminó muy despacio , metiendo sus manos en los bolsillos de la candidata a gabardina cutre y feliz de saberse menos derrotado de lo que el principio del día prometía.

Antes de que pudiera incorporar siquiera la mirada, el limpiabotas volvía a tener en sus manos los zapatos cansados y sucios de alguien que caminaba en sentido resignado.

miércoles, 16 de enero de 2008

De locos











Hoy os cuento una historia que poco tiene que ver con lo que , normalmente , escribo ....pero a veces, tengo historias normalitas, de paisano.......

Podríamos titularla : telefónica: enésima incompetencia.

Yo tenía dos líneas telefónicas a mi nombre: una , en un apartamento de los que alquilo ( era un servicio que prestaba a mis clientes para que tuvieran conexión, mientras estaban de vacaciones ) y otra, privada , en mi casa. Cuando me quedé sin trabajo, le pregunté al dueño de ese apartamento si quería quedarse con la línea. Si, quiero, vale, hagamos el cambio de titular. Llamé , con su pasaporte en mano a telefónica e hice todo los trámites. Todo genial. Era el día 3 de Noviembre, día arriba , día abajo.
Hoy, echando chispas por que no me funciona ( por enésima vez ) la mierda adsl de telefónica, me dicen que no pueden hacer nada por mi por que mi línea no está a mi nombre, si no al de un alemán.
No ha servido de nada tooooooodo el tiempo que he estado hablando con diversos empleados de telefónica explicandoles qué ha pasado. Un incompetente, cambió las dos líneas a nombre de esa persona. La mia ( que está en otro pueblo diferente y , por tanto, tiene numeración distinta ) y la suya. No tengo acceso a mi propia línea y no tengo adsl por que no puedo acceder a los datos y no me pueden solventar el problema. Y digo yo, qué más da a nombre de quién esté la línea? si no funciona, por qué no me la arreglan?

Yo suelo ser pacífica pero , hay momentos, como este en el que me pregunto qué haría de , si en vez de a través de un teléfono, esta gente atendieran a través de una ventanilla y me dijeran lo mismo.

Al final, nadie sanciona al inútil que cometió el error. El único perjudicado es el cliente. Yo.

Qué ganas tengo de conseguir el número de pasaporte de este señor para darme de baja en la puta telefónica de los cojones.

Hoy toca cabreo, qué le vamos a hacer?

Un beso a todos

la foto de hoy refleja , muy bien, mi estado de ánimo .....pero sólo de boquilla, eh!

hep

lunes, 7 de enero de 2008











sabrán las estrellas lo que se traen entre manos?

Qué verán las fugaces mientras caen?

Ahí están.....

Pero tenemos una ventaja sobre ellas: nosotras las vemos.

domingo, 6 de enero de 2008












Una vez escuché que el cambio es lo único constante en nuestras vidas. Qué lisssssto el que fuere!

Yo , a veces pienso, pero no sé si siempre existo. Y pensar, aunque sea la mínima expresión de vivir, no es patrimonio implícito del ser humano. No viene de serie .Sobretodo pensar bien, utilizar el pensamiento de forma positiva, no es cosa fácil.


Es libre el pensamiento?

No está ligado a nada más profundo?

Por qué estoy hablando así?

Estaría caducada la yerba que me he fumado?


Y qué hacéis vosotros leyéndome?

Yo no es que esté muy allá pero vosotros.......ya os vale!


Una sonrisita para empezar el" feliz año nuevo" que nos ha deseado media humanidad, incluso los que no conocemos de nada?



:-)

sábado, 5 de enero de 2008













Un segundo.

No, menos.....

Un sólo segundo, la decisión adecuada.

No hay marcha atrás.

Sí, el viento a favor , ése del que me hablaste en tu último abrazo. Debe ser eso.

Estoy segura a dónde no llegaré.Y de que tú estarás allí.

Tu olor se está evaporando y la lluvia cae ignorante.

Crees que las gotas se suicidan cuando llegan al suelo?




A Nati, por que mis fotos no están a su altura , por eso utilizo las suyas y le regalo relatos, que sé que los disfruta.

El Piano









(Hoy quiero rendir un pequeñito homenaje a una buena contadora de historias que, algún día, verá publicados sus escritos. Y no es pasión de hermana, es muy buena )



El Piano

Otra vez le volvió a pasar y le dio rabia: en ese tramo de la escalera que subía al doblado sentía siempre un escalofrío. Ahora, incluso, notaba frío al empezar a subir. Con un movimiento de cabeza continuó ascendiendo.
¡Qué tonta! Pues, ¿no tengo frío en pleno mes de julio?
La casa, desde luego, era lóbrega, tan grande y con los techos tan altos y ese desván enorme, oscuro y lleno de chismes.
Se habían trasladado hacía una semana, coincidiendo con sus vacaciones, para poder así colocar los muebles, vajilla, ropa…, todo lo de la casa anterior. Hasta agosto, que tenía vacaciones Miguel, no podrían empezar con los arreglos.
Sintió un ruido como de pasos al final de la escalera y casi se le cae la caja de juguetes que llevaba.
-María, que te estás obsesionando, será un gato.
Resueltamente, acabó de subir y abrió la puerta. La vieja cortina de la única ventana se hinchó con la corriente, pero no notó nada raro. Dejó la caja sobre un antiguo aparador y echó un vistazo rápido en derredor.
-Algún día tendré que ordenar esto.
Los niños estaban a punto de llegar y la comida no estaba preparada. Ellos sí estaban disfrutando de verdad con el cambio. Mariola con once y Miguelón con ocho años se habían mostrado reacios a la mudanza. Hasta que vieron el lugar donde estaba su nueva casa. Era precioso: justo en el comienzo de un valle, al borde de un bosquecillo de olmos (en el que ya habían divisado varias ardillas y otros animalitos), y a un pequeño paseo de un riachuelo donde ahora se estaban bañando.
María sabía que la alegría de sus hijos se disiparía cuando llegara el otoño y la soledad y la oscuridad se adueñaran del paisaje y las tardes se hicieran eternas. Ahora los dejaba disfrutar y pensaba en un plan de acción para el largo tiempo del frío.
Habían vivido en el centro de una capital de provincias una existencia ajetreada, en un pequeño pero coqueto piso. Leyendo los anuncios de un diario un domingo por la mañana, sus ojos fueron a caer sobre el de la venta de una casona en el campo en las afueras de la misma ciudad donde residían. El precio era tan bueno que no se lo creían y, medio en broma, llamaron al número de la inmobiliaria al día siguiente, que lo confirmó. Sin habérselo planteado nunca, se encontraron soñando con la posibilidad de vivir fuera de la ciudad, pero a su lado. Y, de repente, ya se habían mudado.
Estaba contenta con el cambio y la casa tenía muchas posibilidades. “Cuando acabe de arreglar el desván va a quedar precioso”. Lo peor era la falta de vecinos cerca, el más próximo estaba a medio kilómetro, “pero, bueno, con los coches y los móviles…”.
Además, no dejaban de tener contacto con la ciudad, iban todos los fines de semana a comprar, al cine, a comer.
Sus ojos se detuvieron en un rincón de la amplia habitación que, extrañamente, estaba desalojado, ocupado únicamente por un antiguo piano con su banqueta. Estornudando a causa del polvo, cerró la puerta.
-Ya subiremos luego, Miguel y yo, quizá haya un tesoro escondido por aquí.

Tomaban café en la cocina tras la siesta:
-He visto un piano en el doblado, ¿quieres que subamos a investigar un poco? No me hace mucha gracia subir sola.
-Bueno, si es sólo a investigar…
-Sí, otro día limpiamos.
-Vale.
Otra vez el repeluco en la escalera, mas no le dijo nada a Miguel. Éste la miró interrogante.
-¿No has oído algo arriba?
-Sí, también ha pasado esta mañana. Debe ser un gato que se cuela por el cristal roto.
El sol entraba por la ventana orientada a poniente formando una luminosa neblina de polvo levantado al abrir la puerta.
Entraron en el desván poco a poco, dejando que el polvo se asentara. Había toda clase de chismes viejos: una gran cama de hierro y níquel, maletas y baúles, mesas y sillas de varios tamaños y muchas cajas. En la pared frontal a la puerta y separado de todo lo demás, el piano con su banqueta.
Aprovechando la luz última de la tarde de verano, abrieron cajas que contenían ropas antiguas, se sentaron en sillas a punto de romperse y se dirigieron, por fin, al gran piano.
María levantó la tapa y se sentó en la banqueta, que aguantó el peso sólidamente. Recordando su niñez, cuando su abuela la obligaba a dar clases, tocó algunas notas que sonaron claras.
-Qué extraño, está bastante afinado.
-Hay algo más extraño.
Se volvió hacia Miguel, que había palidecido.
-¿Qué?
-¿No has notado que el piano no tiene polvo?
Era cierto: antiguo y pesado, pero reluciente, sin una mota de polvo y además afinado, parecía que lo tocaran a menudo.
María se levantó rápidamente de la banqueta, cerró la tapa y cogió del brazo a Miguel.
-Vamos abajo, pronto no habrá luz. Otro día subimos.
-Sí, hay que poner una bombilla aquí.
Ninguno durmió mucho esa noche. No querían asustar al otro con sus propios temores, ni reconocer que los tenían; no obstante, a la mañana siguiente, tomando café:
-¿Qué piensas que puede ser, Miguel?
-No lo sé, pero es raro. Los niños no habrán subido, ¿verdad?
-No lo creo, aunque hubieran subido no sería para limpiar el polvo.
-¿Quieres que vayamos a visitar al “vecino” esta tarde?
-Pues no sería mala idea, lo vemos, y a ver si nos cuenta algo de los anteriores propietarios.
-¿Qué estás pensando?
-Tonterías, pensaba que podían estar por aquí cerca y no se hubieran resistido a volver a lo suyo.
-Es una idea un poco peregrina.
-Tienes razón. A ver si averiguamos algo esta tarde.


Se fueron dando un paseo hacia la casa que sólo habían divisado desde la carretera, escondida tras una alta maleza y rodeada de árboles. El acceso al jardín lo constituía un gran arco de forja cubierto casi totalmente por los pámpanos de una parra silvestre. Cuando lograron pasar, peleando con las avispas, miraron hacia la casa. Era oscura, de piedra y con ventanucos pequeños en lugar de ventanas, tras uno de los cuales le pareció a Miguel divisar la sombra de alguien que se esfumó rápidamente. Con un resuelto resoplido y cogiendo de la mano a María, se encaminaron hacia la puerta, que se abrió cuando estaban a punto de llamar y en la que apareció un hombre alto, con el pelo largo y canoso, delgado, de unos sesenta años.
-¿Qué quieren?
-Hola. Somos sus nuevos vecinos, venimos a presentarnos.
-Vale. Disculpen que no les invite a pasar, pero la casa está muy desordenada.
-No importa, lo entendemos. Esta es María, mi mujer, y yo soy Miguel.
De repente, con una agilidad asombrosa, saltó por delante de ellos y apresó una ardilla que estaba bebiendo en un pequeño balde.
-Lo siento, yo soy Antonio.
-¿Lleva mucho viviendo aquí, Antonio?
-Unos quince años.
-Queremos saber de los antiguos dueños de nuestra casa, ¿los conoció usted?
-Han pasado muchos por ella, que no duran demasiado, pero las antiguos propietarios murieron hace unos años.
-¿Todos?
-Sí, la mujer y la hija en un accidente y él se suicidó junto al piano. Era pianista. Un pariente lejano vendió la casa.
-Gracias Antonio, venga cuando quiera, le invitaremos a comer.
-Sí, ya iré.
No dijeron una palabra hasta que llegaron a la casa.
-Cuando vayamos a la ciudad nos pasamos por la inmobiliaria, a ver si averiguamos algo más.
-Sí, al menos los nombres.
Otra noche insomnes, intentando que el otro no lo notara, mas saltaron al unísono en la cama cuando escucharon las primeras notas. Pálidos, encendieron la luz y se miraron con el espanto reflejado en la cara.
-¿Qué hacemos, Miguel?
-Voy a por una linterna y a subir. No será peor que quedarse aquí muertos de miedo.
-Subo contigo.
Con falsa resolución, llegaron a la puerta del doblado, sin poder apenas respirar por el rápido bombeo del corazón.
Se pararon delante de la puerta un instante a coger aire y Miguel abrió lentamente, enfocando con la linterna hacia el piano, que se mantenía como ellos lo dejaron hacía dos días, con la banqueta arrimada y la tapa cerrada. Todo alrededor estaba tranquilo, no se notaba nada extraño.
- ¡Mamá ¡
Corrieron hacia la habitación de Mariola.
-¿Qué pasa, hija?
-He tenido una pesadilla, me parecía que había un hombre en la ventana.
-Era eso, una pesadilla, vuelve a dormir.
-Quédate conmigo.
-Sólo hasta que te duermas.

-Vamos a ir a la inmobiliaria, María, pero a decir que vendemos la casa, nunca se nos quitará el miedo.
-Me parece lo mejor. Menos mal que no lo hemos colocado todo. Tendremos que buscar un piso de alquiler mientras.
-Sí, y explicarles a los niños por qué nos vamos.


El día que se iban llegó Antonio, sombrío, como siempre.
-Buenos días, ¿se marchan?
-Sí, no estamos muy a gusto, y además añoramos la vida de ciudad, mintió Miguel.
-Lo entiendo, esto es para unos días, un verano, pero resulta aburrido para largo tiempo.
-Así es. Bueno Antonio, encantados de haberle conocido, si algún día pasamos por aquí le visitaremos.
-Adiós.
Les vio partir con una extraña sonrisa en los ojos.
-Espero que si me visitan lo hagan en esta casa, que era mía, ahora estará más barata aún y quizá pueda comprarla. Ya no estoy para subirme por paredes y ventanas a tocar el piano.

Rosario Hernica del Puerto